La gran mayoría de los (pocos privilegiados) que leeréis estas lineas estaréis más o menos familiarizados con el termino “semanada”, ”paga semanal” o ponedle el nombre que queráis, lo importante es el concepto. Pues bien, en tal caso también sabréis las grandes dificultades que poder administrar una pequeña cantidad de dinero cada siete días podían llegar a generar en el espíritu consumista de un niño de los ochenta (sí sí viejun@s, me refiero al siglo pasado, “de los años ochenta del s.XX”). Chucherias, gominolas, cromos, tebeos, máquinas arcade del salón del barrio, pequeños juguetes, pinballs, futbolines etc… La lista podía ser tan larga cómo se quiera o tan larga cómo tentaciones podías encontrarte en el camino. A todo ello se tuvo que sumar, en un momento decisivo de la historia de la humanidad, los juegos que necesitábamos comprar para alimentar nuestros cerebros y los cerebros cibernéticos de nuestro Spectrum, Amstrad, Commodore o MSX. Sí amiguitos, necesitábamos software de entretenimiento para nuestras bestias pardas de 8 bits y eso costaba dinero, mucho dinero. El precio de un juego más o menos bueno podía estar entre las 2500 y las 5000 pesetas, una pasta gansa vamos, y su compra se limitaba a fechas especiales como cumpleaños, navidades, etc… Pero claro, nosotros queríamos más, mucho más y el dinero teníamos asignado periódicamente no daba para tanto. Entonces fue cuando apareció la piratería. No os engañéis, el problema de vender copias ilegales de productos con copyright no es un invento tan reciente como nos han querido vender las grandes multinacionales del ocio, no, la piratería estoy convencido de que existe desde que el ser humano apareció en este planeta o, como mínimo, desde el momento en el que plasmó algo sobre un soporte físico para venderlo y sacar un beneficio. ¿Acaso no fue piratería lo que hizo Gutenberg con su imprenta al traducir la Biblia al alemán? Seguir leyendo…
Archive for the 'Retro Bits' Category
Retro Bits: “Load’n'Run”, la mafia italiana que lo pirateó todo (o casi todo)
Retro Bits: After Burner (1987)
Cinco de la tarde de cualquier día de agosto. Año sin derterminar… bueno sí, entre 1987 y 1989, pero no podría precisar más. Como cada aburrido día de verano en la gran ciudad había quedado con mi amigo Luís para, como cada aburrido día de verano en la gran ciudad, ir al único sitio donde cada aburrido día de verano en la gran ciudad se hacía un poquito más soportable: al salón de máquinas recreativas o arcade o, como lo llamábamos nosotros: “las máquinas”. El trayecto no fue demasiado diferente al de cada aburrido día… (vale vale, lo pillo, os vais haciendo a la idea de como eran aquellos veranos, ya no lo repito más), Luís me explicaba las apasionantes mañanas de playa de su novia que estaba de vacaciones en un pueblecito de la costa, y yo me limitaba a ir haciéndome un planing mental de cómo iba a distribuir el dinero y el tiempo en “las máquinas”. Seguro que caería una partida al “Hyper Sports“, tenía que seguir defendiendo mi récord de salto de pértiga. El “R-Type” tampoco se salvaría. Y alguna que otra moneda seguro que me serviría para darme un garbeo por Coconut Beach con una rubia imponente sentada a mi lado en un Ferrari al jugar al “Out Run“. Tenía que contar con guardar 5 duros para la consabida partida a billar americano de final de tarde y otros 10 para invertir en la jukebox de vídeos musicales que, por aquel entonces, tenía como únicos hits que me interesasen “The Look” de Roxette y “Fiesta” de The Pogues. Este: Seguir leyendo…
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Retro Bits: R-Type (1987)
Continuamos con nuestra sección de grandes títulos y máquinas de ocio digital repasando esta gran joya que llenó horas y horas de entretenimiento de miles de jóvenes del ayer que, a pesar de las reticencias que podamos tener, actualmente estamos inmersos totalmente en el viejunismo. R-Type fue un hit en las salas de máquinas recreativas. En esos sacros templos de la diversión tecnológica, la irrupción del matamarcianos que hoy nos ocupa generó colas, piques e ingentes cantidades de monedas de cinco duros que acabaron en las arcas de los, por lo general (que no se me ofenda nadie), poco simpáticos regentes de los locales.
R-Type era un shooter de scroll lateral en el cual nuestra misión era pilotar una nave del tipo R-9a “Arrowhead” para salvar a la humanidad de la amenaza de una poderosa forma de vida alienígena apodada “Bydo”. Incorporaba los ya por aquella época manidos “powerups”, es decir, nuestra R-9a podía ir ganando en potencia de disparo, velocidad y tipos de armas a medida que atrapásemos los objetos concretos que iban apareciendo en pantalla. En R-Type estos ítems aparecían al destruir esta nave saltarina:
Retro Bits: Skool Daze (1985)
Hoy os voy a hablar sobre un juego que nos enseñó a muchos a ver que no éramos unos bichos tan raros como nos lo querían pintar nuestros progenitores ni nuestros profesores. Seamos sinceros. Yo me pasé largas horas durante mi inserción el la educación general básica observando las bonitas cenefas que formaban las multicolores (azul, gris, blanco y negro) baldosas de los pasillos de mi escuela. Y no era por un afán por convertirme en arquitecto o en ingeniero de caminos a través de la atenta observación de las rectas y paralelas que se formaban en el pasillo. No, fue por una razón mucho más fácil: me expulsaron de clase innumerables veces. ¿Las razones? Supongo que no servirá de nada que os intente colar las excusas que a mis padres, sin ningún éxito, solía probar de hacer creer : “Yo no he sido”, “el profe me tiene manía”, “fue Dani pero me pillaron a mí”, etc… Seguir leyendo…
RetroBits: Porno en 8 bits
Hoy os propongo un viaje en el tiempo un poco especial. Atémonos el cinturón de seguridad del Delorean del tito Hugh Hefner y transportémonos a una época en la que lo más parecido a internet eran las revistas y los fanzines que nos proporcionaban información sobre películas, cómics, noticias… y además, todo lo que un buen nerd/geek/pajillero de la época necesitaba para poder sobrellevar su pubertad de la manera más lúdico-festiva posible. La mente humana siempre ha ido más allá de lo que su tiempo le permitía imaginar. Así que en cuanto aquellas maravillosas máquinas con nombres tan exóticos como Spectrum, Amstrad o Commodore llegaron a nuestras casas, no pasó demasiado tiempo hasta que alguien, en alguna oscura habitación llena de kleenex pegajosos, o en estado de acartonamiento (los de más solera), viese en esos prodigios de la tecnología una nueva ventana científico-pedagógica hacia la exploración de los misterios insondables de las superlativas y admirables formas del cuerpo del sexo contrario, femenino en general. Lo siento por las y los sexualmente atraídos por el género masculino pero, a pesar de que os enseñaremos algún primigenio intento, en aquellos tiempos iniciales de la sexualidad informática, el objeto de deseo mayoritario eran las chicas.
Corría el año ochenta y pocos cuando, por cuestiones personales que hoy no explicaré, tuve que desplazarme en un viaje “de trabajo” a Santander (sí sí, era un proto-adolescente pero en cierto sentido “trabajaba”… eso lo dejo para otro día). Allí me acogió una familia muy simpática que me cedió la habitación de uno de sus hijos que ese fin de semana había ido de colonias. De todo lo que vi en aquella residencia temporal, lo que más me sorprendió fue algo que estaba colgado en la pared y que era muy parecido a esto:
Retro Bits: Freddy Hardest (1987)
Este juego es muy especial para mí, viejun@s. Y lo es por una única y simple razón. Fue el primer juego de ordenador que logré pasarme de principio a fin. Sin trampas, sin pokes (un día tendré que recordar más en profundidad esa fantástica palabra), sin huevos de pascua ni nada que hiciera más fácil el hecho de terminarlo. Ahora, tantos años después, al revisarlo, me encuentro con que sigue siendo un prodigio de la programación y que conserva la frescura y el jugabilidad de hace veinticinco años. Fue publicado por Dinamic en 1987.
Antes de entrar más en materia quiero tener un recuerdo para el gaditano Emilio Salgueiro, el programador del juego. Lo creó con tan solo 17 años. La leyenda dice que por su cabeza rondó una posible secuela de Freddy Hardest, de la cual incluso hubo algunos bocetos, y que la programaría para la plataforma Amiga. Nunca la llegó a realizar. Por desgracia Emilio murió en 1996 al ser atropellado por un coche mientras iba en bicicleta. Si queréis saber más cosas sobre él no dejéis de visitar este enlace donde le rinden un merecido homenaje.
Freddy Hardest destacaba por varias cosas: Seguir leyendo…
RetroBits: Mario Bros. (Nintendo Game&Watch MW-56)
Hace ya algún tiempo os hablé sobre mi maquinita Popeye Panorama, una verdadera maravilla del entretenimiento ochentero. De hecho toda la producción de mini-consolas “Game&Watch” de Nintendo representaron una revolución hasta la fecha jamás soñada por miles de niños que, gracias a ellas, descubrimos lo divertido que podía ser el ocio digital. Cuando salieron nos dejaron con la boca abierta ya que, mirad que cosa tan aparentemente tonta hoy en día, aglutinaban en un solo aparato electrónico un reloj y un videojuego (solo uno, nada de cartuchos), ¿alucinante verdad?
Hoy os presentaré la última pieza de esta serie que se ha añadido recientemente a mi humilde colección, la Mario Bros. de doble pantalla:
Para los que no la conozcáis os diré que el planteamiento del juego nada tiene que ver con los juegos clásicos de Mario Bros. ya que ni Mario ni Luigi son fontaneros, ni la acción se desarrolla en un mundo plagado de setas y extrañas criaturas. Muy al contrario, todo ocurre en un mundo muy real donde los famosos hermanos trabajan en una planta embotelladora y están bajo la atenta mirada de sus déspotas jefes. Todo un poco más sórdido que el clásico mundo de fantasía de Mario. Seguir leyendo…
Retro Bits: Combat School (1987)
Señoras y señores, viejunas y viejunos, hoy vamos a hablar de un JUE-GA-ZO como la copa de un pino. “Combat School” (o “Boot Camp” en EEUU) se comercializó inicialmente en forma de máquina arcade en 1987 y fue obra de la mítica compañía de videojuegos Konami. ¿El argumento del juego? Muy sencillo. A través de una serie de pruebas más o menos difíciles, tanto físicas como de habilidad, tendremos que ir consiguiendo unos resultados mínimos en cada una de ellas para pasar a la siguiente para finalmente lograr graduarnos en la academia militar con honores. Se trata de un clásico “machaca-botones” al más puro estilo “Hyper Sports” pero que incorporaba alguna novedad que hizo de “Combat School” un producto destinado a triunfar. También nos enseñó a todos el placer de escuchar estas tres palabras en inglés: “You made it!” y a apreciar la pedagogía directa en forma de sutil incitación al tabaquismo:
Las pruebas a seguir para lograr ser unas máquinas de matar eran (en el orden en el que tenías que realizarlas): Seguir leyendo…
Retro Bits: Moon Cresta (1980)
Cuando no era para nada viejuno, los domingos por la mañana una de las actividades recurrentes de mi familia era la de ir a pasar un rato a un karting situado en las afueras de la ciudad donde vivíamos. No os imaginéis para nada uno de estos kartings actuales con marcadores electrónicos ni nada por el estilo. Os hablo de un karting auténtico ochentero, peligroso, sin límites y sucio…
- ¿Casco? ¿Qué mierdas es un casco? – respondía el responsable del lugar a los padres más hippies.
Al mínimo contacto con volantes de los karts las manos se te quedaban inmediatamente manchadas de grasa durante horas. Y el olor… el olor a aceite de motor te acompañaba hasta tu siguiente ducha. Había dos pistas, una para menores de 14 y otra para mayores. Lo que realmente me fascinaba de aquel lugar era que tenía, a parte de las pistas, una zona de pequeñas atracciones, una pequeña noria, una caseta de carreras de caballos (sí, aquellas que los haces avanzar tirando bolas a unos agujeros) y lo más importante, un recinto de máquinas recreativas (con sus añadidos de billar, futbolín y ping pong). Allí descubrí mi pasión y mi habilidad con el “Hyper Sports” pero había otra máquina que me fascinaba, y esta no era otra que la del juego “Moon Cresta“. Seguir leyendo…
RetroBits: Pang! (1989)
Hoy os hablaré de uno de los mejores juegos de la historia de los videojuegos. Uno de los mejores, el mejor o, como mínimo, del que más horas pasé jugando durante mi adolescencia. ¿El porqué? Muy fácil, con muy poca práctica logré ser bastante bueno, cosa que me permitía pasarme horas y horas jugando con una inversión de capital mínima. Por alguna extraña razón “Pang!” (también conocido como “Buster Bros.”) se me daba muy bien, y llegó un momento en que jugaba con tanta soltura que podía llegar a hacerlo prácticamente sin mirar a la pantalla. Tenía localizados todos los bares del barrio y los salones de recreativos donde tenían la máquina arcade. Viejunos de Barcelona… ¿recordáis los recreativos Novedades?
El objetivo del juego era sencillo, los hermanos Buster tienen la sagrada misión de destruir unas inquietantes bolas que está apareciendo por todo el planeta. La humanidad está aterrada y solo ellos son capaces de acabar con ellas. Para ello disponen de diversas armas: el arpón, doble arpón (para mi la mejor), el gancho y la ametralladora (para mi la peor, ya que con ella es mucho más difícil romper la bolas pequeñas) y de algunas bonificaciones como el tiempo extra, la vida extra o la dinamita, que puede ser muy peligrosa si tienes demasiadas bolas grandes en pantalla. Seguir leyendo…
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