Si viejunos, seguro que estáis babeando en la sala de juegos del asilo al ver la imagen que encabeza esta entrada. ¡Un “tacote” de cheiw junior! Eso si que era un chicle de verdad. Por 5 pesetas te metías en la boca un chute de azúcar que ríete tu de las calorías de los pistachos. Con un chicle de esos te llenabas la boca un buen rato. El gusto no recuerdo que fuese demasiado perdurable pero el chicle cumplía con sus cometidos, a saber:
Hacer globos con él
Joder los tejanos nuevos al pringado que se sentaba en el pupitre de delante Seguir leyendo…
Buenos días viejunos, ¿cómo lleváis el frío? ¿Ya habéis ido a vuestro CAP más cercano para que os pongan la vacuna de la gripe? Vigilad que llegados a estas edades cualquier pequeño achaque puede ser el último. Bueno, al lio…
Corría el año 1985 y el programa 1,2,3 responda otra vez, el concurso de más éxito por entonces de la televisión estatal, comenzaba una nueva etapa. Era costumbre del programa tener una mascota que representaba el peor premio que los concursantes se podían llevar. Hasta entonces habían sido mascotas Ruperta y Botilde. Esta última no gustó mucho a la audiencia, quizá porqué en un país que estaba aún saliendo de la dictadura no atraía demasiado la imagen de una bota sucia, pobre y vieja. Si triunfó aún y así un juguete con la forma de Botilde que tenías que engancharte en un tobillo e ir dándole vueltas mientras con la otra pierna saltabas:
¿Habíais saltado con Botilde viejunos?
En la nueva etapa del 1,2,3 responda otra vez la nueva mascota fue El Chollo y se diferenció de sus antecesores ya que no representaba el peor premio, si no que si alguien ganaba El Chollo podía elegir cualquier premio que hubiese salido durante la fase de “la subasta”. Aquí tenéis la cabecera del concurso con nuestro amigo rosa como protagonista:
La voz del Chollo es la del mismísimo Chicho Ibáñez Serrador, el director del programa, que tenía por costumbre poner la voz a las mascotas del concurso. Como dato curioso os diremos que Chicho se estrenó como doblador de dibujos animados en el primer doblaje de la película Bambi interpretando al conejo Tambor.
En programas posteriores apareció un nuevo compañero del Chollo que recogió el legado de las anteriores mascotas del programa siendo el representante del peor premio del concurso: no llevarse nada. La némesis del Chollo no podía ser otro que… ¡El AntiChollo! (derroche de imaginación digno del mejor buffet de naming de la época)
La antítesis del Chollo, EL ANTICHOLLO
El hecho de que el Antichollo apareciese a posteriori justifica su ausencia en la cabecera del programa. Si alguna pareja de concursantes (y sus sufridores, ¿recordáis a “los sufridores?) tenía la mala suerte de quedarse como premio final al Antichollo se jugaba a un juego de consolación llamado “El país del Antichollo” donde se podía ganar algo de dinero: Seguir leyendo…
Hola viejetes, hoy os quiero hablar de una de las golosinas más exclusivas que recuerdo. La bolsa de Pepitas de Oro.
La bolsa: objeto de deseo.
Para los que no las recordéis las pepitas de oro eran unos pequeños chicles que venían preservados en la bolsa de papel-plástico que veis en la imagen superior. Su sabor recordaba a algo parecido al limón y era, para mi, uno de los objetos de deseo más anhelados de la época. ¿Porqué? Pues porque era difícil de localizar, nunca sabías si en la tienda de chuches lo tendrían en stock, era muy caro y no duró demasiado tiempo en el mercado (más tarde daremos pistas que os harán deducir el porqué) Seguir leyendo…