Corria el año 1988 y lo que más tarde se denominó como “la edad de oro del soft español” se encontraba en su punto más álgido. Nada tenían que envidiar los juegos que se producían en la península con los que llegaban del resto de Europa y América. Quizá en aquel momento solo quedaba por delante la industria japonesa del videojuego pero eso, queridos viejunos, es hablar de otro planeta habitado por marcianos de ojos rasgados que, en materia de entretenimiento interactivo, estaban, están y estarán a años luz. Tened en cuenta que allí existen titulaciones universitarias centradas única y exclusivamente en el desarrollo de juegos digitales.
Pero bien, vayamos al lío. En un momento en el qual práticamente cualquier juego firmado por una empresa española era un éxito asegurado, Dinamic, se lanzó a la aventura de crear un héroe que pudiese llegar a ser una franquicia de éxito rotundo como lo fue Mario, Sonic o posteriormente Lara Croft. Para ello contrataron al afamado dibujante de cómics Max para que crease, a partir de unas premisas que podríamos definir como muy “cañís”, un nuevo héroe que hiciese que los jóvenes de final de los 80 disfrutásemos ayudándolo en su afán por derrotar al temible profesor Torrebruno. Esta era básicamente la psinopsis del juego: Seguir leyendo…









