Parece mentira pero en los 80 los niños nos entreteníamos horas y horas con los juegos/juguetes más absurdos del mundo. Hoy día los chavales necesitan una consola y juegos con gráficos alucinantes, pero los viejunos necesitamos mucho menos que eso para pasarlo bien.
No se la fecha exacta pero recuerdo que era sábado. Estaba tan tranquilo en mi casa, casa de mis padres quiero decir, cuando me recibí una llamada, al fijo evidentemente, de mi amigo Juan. “Ven rápido. Quiero que veas algo” me dijo. Conociéndole como le conocía sabía que sería algo memorable así que salí corriendo de casa en dirección a la suya. Seguir leyendo…
